Diferencia entre amortización y depreciación
Tema: economía y negocios.
La depreciación es la pérdida real de valor que sufre un activo por su uso, el paso del tiempo o la obsolescencia; la amortización es el procedimiento contable que reparte ese coste a lo largo de varios periodos.
La terminología varía según el país y la normativa contable: en algunos se reserva «amortización» para los activos intangibles y los préstamos, y «depreciación» para los tangibles.
Tabla comparativa: amortización y depreciación
| Amortización | Depreciación | |
|---|---|---|
| Qué es | Procedimiento contable que reparte un coste entre varios periodos. | Pérdida real de valor de un activo por uso u obsolescencia. |
| Naturaleza | Es un registro, un cálculo dentro de la contabilidad. | Es un hecho económico: el activo vale menos que antes. |
| A qué se aplica | Al coste de un activo fijo o al capital de una deuda. | Al valor de mercado o de uso de un activo, sea o no un activo fijo contable. |
| Suele registrarse en | Un gasto contable periódico en la cuenta de resultados. | Una comparación entre el valor de compra y el valor actual. |
| Terminología por país | En algunos países cubre también intangibles y préstamos. | En algunos países se aplica sobre todo a activos tangibles. |
Qué es la amortización
La amortización es el mecanismo contable con el que una empresa distribuye el coste de un activo —una máquina, un vehículo, una patente— a lo largo de los periodos en los que ese activo genera valor, en lugar de registrar todo el gasto de una sola vez en el momento de la compra. El mismo término se usa también para el proceso de devolver progresivamente el capital de un préstamo o una hipoteca.
El cálculo de la amortización se apoya en criterios como la vida útil estimada del activo y el método elegido (lineal, decreciente u otros), y su tratamiento concreto depende de la normativa contable y fiscal vigente en cada país, por lo que conviene apoyarse en un profesional para aplicarlo correctamente.
Qué es la depreciación
La depreciación describe el hecho económico de que un bien pierde valor con el tiempo: un vehículo vale menos a medida que se usa, un equipo tecnológico se queda anticuado, un inmueble puede perder valor de mercado. Es el fenómeno que la amortización intenta reflejar en las cuentas de una entidad, de forma sistemática y repartida en el tiempo.
En algunos países hispanohablantes, «depreciación» es además el término contable habitual para repartir el coste de los activos tangibles, mientras que «amortización» se reserva para los intangibles y para las deudas; en otros, «amortización» se usa de forma más amplia para ambos tipos de activo.
Ejemplos que muestran la diferencia
Una furgoneta de reparto pierde valor cada año por el uso y los kilómetros recorridos: eso es depreciación.
La empresa registra cada año una parte del coste de esa furgoneta como gasto contable: eso es amortización.
Al pagar cada cuota de una hipoteca, parte del importe amortiza el capital pendiente y otra parte cubre los intereses.
Cuándo usar cada término
- Usa depreciación cuando hables del hecho de que un bien pierde valor real por el uso, el tiempo o la obsolescencia.
- Usa amortización cuando hables del procedimiento contable que reparte ese coste entre varios periodos, o de la devolución progresiva de una deuda.
- Si trabajas con cuentas de un país concreto, comprueba cómo distingue su normativa ambos términos, porque el uso exacto varía de una legislación a otra.
Preguntas frecuentes
¿La amortización y la depreciación son siempre lo mismo?
No exactamente. La depreciación es la pérdida de valor en sí misma; la amortización es el cálculo contable que la refleja repartida en el tiempo. En algunos países ambos términos se usan casi como sinónimos contables, y en otros se reservan para activos distintos.
¿Todos los activos se deprecian?
No todos: los terrenos, por ejemplo, suelen considerarse activos que no pierden valor por el uso y normalmente no se amortizan, a diferencia de edificios, maquinaria o equipos.
¿Por qué una empresa amortiza sus activos?
Para reflejar de forma más fiel su situación económica: si registrara todo el coste de un activo de una vez, sus resultados de ese año se verían distorsionados. Repartir el coste según su vida útil ofrece una imagen más ajustada a la realidad.